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BODEGA VEGA SICILIA LA VIDA EN LA VIÑA

Junio 22, 2019

La Bodega Vega Sicilia forma parte de ese selecto grupo de intangibles que asociamos con el lujo en los vinos. Desde 198 5, Pablo Álvarez, abogado nacido en Bilbao, se ha encargado de custodiar ese bien ganado patrimonio estando no solo a la cabeza de la empresa familiar, que tiene viñedos en España y Hungría, sino también a Pie Franco, en la viña misma.

Dijo a un medio en España que pensaba retirarse cuando cumpliera setenta años. Es decir, cumpliría casi la mitad de su vida dedicada a los vinos.

En realidad, habré estado cuarenta años vinculado a la viña. Durante los setenta, el vino en España pasó de ser un producto de alimentación a ser un producto cultural, que se inserta dentro de esa cultura del vino creada desde Francia. Entonces España empieza a cambiar. Nosotros no veníamos del mundo del vino, pues mi padre tenía otras empresas y yo había estudiado Derecho. Pero considero que eso es un valor, pues traes otra mentalidad diferente de la que tendrías si te hubieras criado dentro del mundo del vino. Es una mirada desprejuiciada, como una renovación de sangre, de alguien que no está condicionado.

Su padre fue un visionario.

Era una bodega con historia, que se fundó en 1864. Cuando sus dueños—una familia alemana afincada en Venezuela— la pusieron en venta en 1981, mi padre manifestó su intención de comprarla. Tardaron un año en contestar porque era una época en la que se producían muchos cambios en las propiedades de bodega. Se compraban bodegas y las explotaban. Producían grandes volúmenes, cambiaban la calidad y eso les bajaba el prestigio. Entonces los dueños querían saber en qué manos caería la bodega, y si iban a respetar el concepto y filosofía de Vega Sicilia. Desde 1985, soy responsable de eso.

Su compromiso con la calidad lo ha llevado a tomar decisiones como cancelar la producción si hay una mala cosecha.

Son decisiones que tomo yo, como en 1984 o 1988, porque creemos en el concepto de Vega Sicilia. Esas decisiones o valores la hacen un artículo de lujo. Nadie hace eso de no elaborar un año, salvo que se haya destruido toda la producción. Mantenemos la calidad por encima de todo, pero cuando pasa, hay que afrontar la responsabilidad. Al final, vivimos de nuestros clientes y hay que respetarlos.

Para usted, el vino es un ser vivo que se hace en la viña.

La base es esa: si no tienes buena uva, no haces buen vino. Aunque algunos enólogos piensan que ellos son los que hacen el vino, que la uva es algo que ellos necesitan, eso no es cierto. No le quito mérito al enólogo, pues el director técnico es fundamental en una bodega para sacar lo mejor de esa uva en forma de vino. Eso es así. Hay gente buena, inteligente, preparada, que obtiene lo mejor de lo que la tierra le está ofreciendo. Eso es para mí la grandeza del mundo del vino.

¿Cómo llegaron a comprar viñas en Hungría?

En 1992, cuando cae el régimen comunista, nos enteramos de que el gobierno quería privatizar las viñas de Tokaj, aquella región de Hungría donde se elabora un estilo particular de vino. Es quizás el más antiguo del mundo, se elabora hace más de 400 años. Incluso fue la primera región que clasificó sus viñedos por la calidad de sus vinos en 1772. Los reyes de Francia dijeron que Tokaj era el vino de los reyes y el rey de los vinos; y hasta los zares tenían un destacamento para cuidar sus vinos de Tokaj. Pero hoy nadie asocia el vino con el país. Cuando llegamos, tuvimos que renovar las 120 hectáreas de viña. Durante estos 25 años, cultivamos cuatro variedades, pero la furmint es la que solo existe ahí, que no se parece en nada a los perfiles tradicionales usados para los vinos blancos.

¿Cómo ve el tema del maridaje con sus vinos?

Yo no soy muy estricto en eso del maridaje. Suelo contar una anécdota cierta. En España, existe una expresión: “Que no te la den con queso”. El vino era un producto de alimentación; se bebía vino todos los días en el campo. Y también era un producto de intercambio entre zonas que no lo producían. Mi abuelo agricultor, por ejemplo, llegaba a Castilla a buscar vino. Y la persona que lo vendía te invitaba queso, matando las papilas gustativas. Te daban el vino y no te enterabas de la calidad real porque no podías catarlo correctamente. Te engañaban con el queso. Hoy, en cambio, no conozco a nadie en España que no tome vino con quesos. Es una combinación perfecta. Es solo un ejemplo de cómo cambian los paradigmas. Hay una tendencia o moda en los asuntos del maridaje, y no soy tan extremo.

Vive en Madrid, viaja cien días al año y visita constantemente las bodegas en Ribera del Duero y La Rioja. ¿Qué hace durante un día libre en casa?

Paso el tiempo con mi mujer y mis hijos. No tengo pasatiempo. No me cansa trabajar. Me gusta el mundo del vino. Por desgracia, creo que el día que me retire tendré que inventarme algo para hacer.

 

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